Un equipo del Centro de Astrobiología (CAB), organismo mixto del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y el Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA) de España, detectó eritrulosa —un azúcar de cuatro átomos de carbono— en una nube molecular cercana al centro de la Vía Láctea. Es la primera vez que se identifica una molécula de este tipo en el espacio interestelar.
El hallazgo se publicó el 13 de julio en la revista Nature Astronomy.
Hasta ahora, los astrónomos solo habían encontrado en el cosmos azúcares de tres átomos de carbono. La eritrulosa, una tetrosa, suma un átomo más y marca un escalón de mayor complejidad química.
El trabajo lo lideró Izaskun Jiménez Serra, primera autora e investigadora del CAB. Como coautor figura Carlos Briones, también del centro.
Para llegar al resultado, el equipo identificó 12 señales de eritrulosa con dos radiotelescopios de alta sensibilidad: el de Yebes, de 40 metros, en Guadalajara, y el IRAM de 30 metros, en Pico Veleta, Granada.
En esa misma nube, la eritrulosa resultó ocho veces más abundante que los azúcares de tres carbonos.
Un puente con el origen de la vida
Los azúcares son componentes esenciales de los ácidos nucleicos, el ARN y el ADN que almacenan la información genética de todo ser vivo conocido. De ahí que su presencia fuera de la Tierra interese a la astrobiología.
Según los autores, los azúcares detectados en el espacio pudieron contribuir, al llegar a la Tierra primitiva, a la síntesis de los primeros ácidos nucleicos y al surgimiento de las primeras formas de vida.
El estudio estima que entre 0,5 y 50 millones de toneladas de eritrulosa pudieron alcanzar la superficie terrestre durante el Bombardeo Intenso Tardío, un período ocurrido hace entre 4.100 y 3.800 millones de años. El sistema solar se había formado unos 4.500 millones de años atrás.
En la Tierra, la eritrulosa aparece de forma natural en frambuesas y otros frutos rojos. También se emplea como aditivo en cosméticos bronceadores.