Un equipo del Natural History Museum de Londres y la Universidad de Manchester identificó al escorpión más grande que haya existido: medía cerca de un metro de largo y vivió hace 415 millones de años. La descripción de la especie, bautizada Praearcturus gigas, se publicó el 2 de junio en la revista Palaeontology.
El animal alcanzaba pinzas —o quelas— de más de 16 centímetros y dominó los ambientes semiacuáticos de la cuenca anglo-galesa durante el Devónico inferior, el período que los geólogos llaman Lochkoviano.
Los fósiles no eran nuevos. El primer espécimen se colectó en 1870 en Rowlestone, en el condado inglés de Herefordshire, y permaneció más de 150 años en las colecciones del museo sin una identificación correcta.
Recién ahora, con fotografía de alta resolución y tomografía computarizada, los investigadores pudieron reconstruir el animal. Al material original sumaron ejemplares hallados en 1972 en Trimpley, Worcestershire, y en 2010 en la Cantera Tredomen, en Gales.
«Praearcturus gigas nos ha desconcertado a los paleontólogos durante más de un siglo», señaló Russell J. Garwood, paleontólogo de la Universidad de Manchester. Reunir material de varias colecciones y aplicar técnicas de imagen de vanguardia, agregó, permitió «construir una imagen más clara del animal que la que era posible anteriormente».
La confirmación de que se trata de un escorpión, y no de otro artrópodo, modifica según los autores la comprensión de cómo y cuándo estos animales alcanzaron tamaños extraordinarios.
El hallazgo corre hacia atrás la cronología de los artrópodos gigantes en al menos 50 millones de años. Esos tamaños solían asociarse a los bosques del Carbonífero, con miriápodos y libélulas gigantes de épocas posteriores.
«Praearcturus gigas vivió al menos 50 millones de años antes, mucho antes de la evolución de los árboles, cuando la vida en tierra apenas estaba comenzando», apuntó Richard J. Howard, curador de artrópodos fósiles del Natural History Museum de Londres.
En el análisis participó la argentina Ana Paula Carignano, investigadora del CONICET y doctora en Ciencias Naturales por la Universidad Nacional de La Plata. Subrayó por qué un registro así es excepcional: «los escorpiones son animales de cuerpo blando, por lo que tienen menos chances de preservarse que otros organismos».