Un fósil de serpiente con una antigüedad de entre 75 y 85 millones de años, recuperado en el sureste de Brasil, aportó evidencia que contradice la idea de que los ofidios surgieron a partir de un único ambiente de origen. El estudio se publicó en la revista Nature.
La especie fue nombrada Tametara mirim y vivió durante el Cretácico Superior, cuando los dinosaurios todavía dominaban la Tierra.
El espécimen conserva parte del cráneo y 103 vértebras articuladas, con una longitud preservada de aproximadamente 42 centímetros. Fue hallado en rocas del Cretácico Superior en la región de São Paulo.
El punto central del trabajo está en lo que el fósil permitió ver por dentro. Mediante microtomografía computarizada de alta resolución, el equipo reconstruyó el cerebro, el oído interno y las estructuras nerviosas del animal, un nivel de detalle poco habitual en restos de esa antigüedad.
Esas estructuras muestran adaptaciones asociadas a un estilo de vida excavador. Pero la comparación con otros linajes apunta en otra dirección.
Según el estudio, distintos grupos de serpientes primitivas ya ocupaban hábitats muy diferentes de manera simultánea, y no en una secuencia que partiera de un solo entorno.
Un debate de más de un siglo
El origen de las serpientes es uno de los debates más longevos de la paleontología. Durante más de un siglo, los especialistas discutieron si los primeros ofidios evolucionaron bajo tierra o en ambientes acuáticos antes de colonizar la superficie.
El hallazgo rechaza esa hipótesis de un ambiente único. El estudio propone, en cambio, que distintos linajes pasaron repetidamente entre hábitats subterráneos, terrestres y acuáticos durante sus primeras etapas evolutivas.
«Las serpientes primitivas ya habían logrado una notable diversidad ecológica y morfológica a finales del Cretácico», afirmó Tiago Simões, investigador de la Universidad de Princeton.
El equipo estuvo integrado, además de Simões, por Nicolas Di-Poï, del Instituto HiLIFE de la Universidad de Helsinki; Annie Hsiou, de la Universidad de São Paulo; y Simone Macrì, también de la Universidad de Helsinki.
Las rocas de las que provienen estos restos pertenecen al antiguo supercontinente de Gondwana, del hemisferio sur, que concentra el registro fósil más rico de serpientes del Mesozoico.