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Texas: un fósil de unos 324 millones de años con 24 patas replantea el origen de los insectos

Un pequeño animal se movía hace unos 324 millones de años por lo que hoy es Texas, mucho antes de que aparecieran las primeras mariposas. El fósil, del Carbonífero, tenía 24 patas y combinaba rasgos de los insectos con los de antiguos organismos acuáticos.

El estudio que lo describe se publicó en la revista Nature y bautizó al ejemplar como Chosha praecursor: un animal a medio camino entre un crustáceo y un insecto.

El hallazgo empezó con una sospecha.

Hace cinco años, el paleoentomólogo Erik Tihelka, de la Universidad de Cambridge y autor principal del trabajo, hojeaba un libro de texto de paleontología cuando el dibujo de un pequeño fósil le llamó la atención.

Según el estudio publicado en Nature, el ejemplar había sido recogido en 1985 en la Formación Tesnus, en el oeste de Texas. Luego quedó almacenado en el Museo de Historia Natural de San Diego y durante años se lo interpretó como un juvenil de la especie Tesnusocaris goldichi.

Tihelka lo reexaminó junto a Dany Azar, paleoentomólogo de la Universidad Libanesa y del Instituto de Geología y Paleontología de Nanjing, en China. La revisión concluyó que se trataba de un género y una especie desconocidos hasta ahora.

«Llamamos a los insectos 'hexápodos', que significa que tienen seis patas. Pero resulta que los originales tenían muchas más», señaló Tihelka.

Ese es el punto central del hallazgo. Según el estudio publicado en Nature, el ejemplar tenía las tres parejas de patas torácicas propias de los insectos —seis patas— más otras nueve parejas de apéndices en el abdomen: 24 extremidades en total.

El organismo presentaba además antenas en forma de látigo, un abdomen de 11 segmentos, un tórax dividido en tres partes y una cola central acompañada por otras dos más pequeñas.

El origen de los insectos, el grupo animal más diverso del planeta, arrastra un vacío entre la evidencia molecular y el registro fósil. Casi no hay ejemplares del momento en que sus antepasados dejaron el agua para colonizar la tierra firme. Uno es Leverhulmia mariae, de la actual Escocia y de unos 405 millones de años; otros dos, hallados en Illinois, tienen aproximadamente 306 millones de años.

«Este fósil representa un hito importante en un período desconcertante en el que todo estaba cambiando, pasando de ser predominantemente acuático a terrestre», afirmó Azar.

Para Tihelka, la transición del agua a la tierra «pudo haber sido gradual».

El trabajo invierte el punto de partida asumido. El diseño corporal de los insectos modernos no sería el comienzo de su historia, sino el resultado de una larga simplificación anatómica.

Según el estudio publicado en Nature, los apéndices abdominales se fueron perdiendo con la adaptación progresiva a una existencia completamente terrestre, mientras las tres parejas de extremidades del tórax acababan convirtiéndose en la configuración definitiva.