Un equipo de la Academia China de Ciencias identificó siete fósiles de denisovanos en la cueva de Bianfu, en el sur de China. El hallazgo se publicó en dos estudios simultáneos en la revista Nature.
El análisis proteómico de más de 60.000 fragmentos óseos recuperados en la cueva reveló que siete correspondían a denisovanos: cuatro dientes, parte de un hueso del antebrazo y dos fragmentos de cráneo.
Con ellos, el número total de fósiles denisovanos conocidos en el mundo se eleva a más de 20.
Bianfu pasa a ser el segundo yacimiento del mundo con mayor abundancia de restos denisovanos confirmados, por detrás de la cueva Denisova.
Los denisovanos son un grupo de humanos antiguos emparentados con los neandertales, conocidos casi solo por fragmentos óseos diminutos y por el ADN que legaron a poblaciones actuales.
Encontrarlos entre el material de la cueva no fue sencillo. «Primero identificamos algunos dientes aislados y luego, entre la enorme cantidad de fósiles de animales, identificamos los huesos, pero al principio fue muy difícil encontrar los fragmentos», relató Hao Li, profesor investigador del Instituto de Investigación de la Meseta Tibetana de la Academia China de Ciencias en Beijing.
El propio Hao Li destacó la rareza del contexto: es, dijo, «el primer sitio en el sur de China donde existe una asociación directa entre fósiles de denisovanos y abundantes restos culturales».
Un registro todavía mínimo
Incluso con el nuevo hallazgo, los científicos solo cuentan con un hueso de un dedo, un fragmento de costilla y el hueso del antebrazo descrito ahora para estudiar cómo era el cuerpo de los denisovanos. Ese hueso del antebrazo es uno de los siete restos hallados en Bianfu.
El equipo excavó tres zanjas en la cueva hasta una profundidad de 6,6 metros. Los fósiles aparecieron en dos capas de sedimentos, pero las herramientas de piedra se repartían en 10 capas, lo que sugiere que el lugar estuvo ocupado desde hace 190.000 hasta hace 70.000 años.
El análisis situó a los fósiles entre hace 167.000 y 134.000 años.
Junto a los fósiles, los investigadores recuperaron 1.366 artefactos de piedra, además de herramientas de hueso, polen fosilizado y restos de animales.
El trabajo se apoyó en el análisis de proteínas más que en el genético. «El ADN es más vulnerable a la degradación que las proteínas», señaló Qiaomei Fu, coautora del estudio y profesora del Instituto de Paleontología de Vertebrados y Paleoantropología de la Academia China de Ciencias en Beijing.
Los investigadores planean analizar los sedimentos del suelo de la cueva en busca de ADN de homininos.