La Asamblea Nacional de Francia celebró este miércoles la votación solemne definitiva de la proposición de ley sobre el final de la vida, que legaliza la eutanasia y el suicidio asistido para adultos con enfermedades incurables.
La decisión quedó en manos de la cámara baja después de que el Senado, de mayoría conservadora, rechazara el proyecto por tercera vez.
La proposición recorrió un ida y vuelta prolongado entre ambas cámaras. Cada rechazo del Senado obligó a reabrir el trámite hasta que el Gobierno decidió zanjar el desacuerdo por la vía constitucional.
El primer ministro Sébastien Lecornu activó el procedimiento previsto en el Artículo 45 de la Constitución francesa, que permite a la Asamblea Nacional imponerse cuando no hay acuerdo entre las dos cámaras. Fue el recurso que llevó la votación definitiva al recinto este 15 de julio.
En la práctica, ese mecanismo otorga a los diputados la última palabra sobre el texto y neutraliza el bloqueo de la cámara alta.
El proyecto ya había sido aprobado en la Asamblea el 30 de junio, con 295 votos a favor, 232 en contra y 35 abstenciones.
En el Senado, en cambio, la norma naufragó: la cámara alta aprobó una moción de rechazo por 169 votos a favor, 164 en contra y 11 abstenciones.
Tres artículos irán al Tribunal Constitucional
Lecornu anunció que, una vez sancionada la ley, remitirá al Tribunal Constitucional tres de sus puntos más controversiales para verificar que se ajusten a la norma fundamental.
El primero es el plazo de reflexión de dos días, el tiempo mínimo que el paciente debe esperar para confirmar su consentimiento antes de recibir la ayuda a morir. El segundo son las disposiciones aplicables a los adultos bajo tutela o protección judicial. El tercero es la articulación entre la cláusula de conciencia de los profesionales sanitarios y los establecimientos que deciden excluir la ayuda a morir.
La principal resistencia institucional se concentró en el Senado, presidido por Gérard Larcher, dirigente de tendencia conservadora que encabezó la oposición a la norma en la cámara alta.
El debate francés sobre la eutanasia y el suicidio asistido se extendió durante años y dejó expuestas divisiones éticas, médicas y religiosas en la sociedad.
De completarse el trámite, Francia se sumaría al grupo de países europeos que ya permiten la muerte médicamente asistida, entre ellos Bélgica, Países Bajos, Luxemburgo y España.
El próximo paso depende del pronunciamiento del Tribunal Constitucional sobre los tres artículos que el Gobierno decidió someter a revisión.