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Monte Erebus: el volcán antártico que emite 80 gramos de oro por día a la atmósfera

El Monte Erebus, en la isla Ross antártica, es el único volcán conocido que expulsa cristales de oro elemental a la atmósfera. Cada día libera cerca de 80 gramos de oro microscópico, según la investigación que documentó el fenómeno.

El registro se publicó en 1991 en la revista Geophysical Research Letters. Lo firmó un equipo del New Mexico Institute of Mining and Technology integrado por Kimberly A. Meeker, Philip R. Kyle, Ray L. Chuan y Julie M. Palais.

Más de treinta años después, el caso sigue abierto para la vulcanología.

El oro no queda cerca del cono. Los intensos vientos polares dispersan las partículas hasta más de 1.000 kilómetros desde la fuente, de acuerdo con ese mismo estudio.

Son cristales diminutos: miden menos de 20 micrómetros, aunque algunos alcanzan los 60. A esa escala resultan invisibles y quedan repartidos entre el aire y el hielo antártico.

"Hasta la fecha, es el único volcán del mundo conocido por expulsar partículas cristalinas de oro elemental", escribieron los autores del estudio original.

Cómo el oro escapa de la lava

El mecanismo combina temperatura y química. Los vapores volcánicos, cargados de minerales, entran en contacto con el aire extremadamente frío de la Antártida y forman los cristales.

Sobre el transporte, el equipo del instituto neomexicano propuso una vía específica: "Un modelo plantea que el oro es transportado fuera de la lava en compuestos volátiles que contienen cloro".

El oro no viaja solo. El volcán también emite plata y cobre en sus gases, un rasgo que los investigadores atribuyen a la composición geoquímica de su magma.

La emisión ocurre durante erupciones estrombolianas, un tipo de actividad moderada que lanza material sólido y gases a gran altura.

El hallazgo no tiene traducción comercial. Las partículas son demasiado pequeñas y están demasiado dispersas para recuperarse, de modo que el oro del Erebus no puede aprovecharse.

El volcán se alza a unos 3.800 metros sobre la isla Ross, a más de 1.000 kilómetros del Polo Sur. Para los especialistas funciona como un laboratorio natural para estudiar el ascenso del magma y la dinámica de los sistemas volcánicos extremos.