Pomelo, la fintech argentina de infraestructura de medios de pago, lanzó Global Card, una plataforma que permite a bancos, fintechs y empresas emitir tarjetas con alcance en más de 150 países desde una única integración tecnológica, sin abrir sociedades ni tramitar licencias en cada mercado.
El servicio ya opera en América, Europa, Medio Oriente, Asia y África.
La plataforma incluye emisión de tarjetas virtuales Mastercard y Visa, compatibilidad con Apple Pay y Google Pay, producción y distribución de plásticos físicos, y liquidación en tiempo real en dólares o en stablecoins.
Hasta ahora, escalar un programa de tarjetas a un mercado nuevo obligaba a construir infraestructura local en cada jurisdicción, con licencias, contratos y socios propios. «Expandir un programa de tarjetas implicaba construir infraestructura en cada nuevo mercado. La tarjeta global simplifica ese proceso», resumió Alfonso Torreguitar, Head of Global Card de Pomelo.
En enero de 2026, la compañía cerró una ronda Serie C por US$55 millones que llevó el capital total recaudado desde su fundación a US$160 millones. La operación elevó su valuación un 75% respecto de la ronda anterior.
Entre sus 170 clientes globales figuran los bancos BBVA y Santander, Western Union, las superaplicaciones Rappi y Didi, y compañías como Kavak, Stori, Nomad, ARQ y la argentina Lemon.
Para Gastón Irigoyen, CEO y co-fundador de Pomelo, la clave está en la diversidad de sistemas que conviven en la región. «América Latina opera sobre múltiples rieles de pago: tarjetas, transferencias, y ahora también stablecoins. Es un ecosistema multi-riel en una región compleja, definido por asimetrías regulatorias entre mercados. La oportunidad no está en elegir un único riel sino en combinarlos de forma inteligente», afirmó.
Walter Campos, gerente general para Latinoamérica de Yuno —una plataforma de orquestación de pagos—, sostiene que la experiencia de pago se volvió una ventaja competitiva: «Cuando un consumidor no encuentra su método de pago preferido o enfrenta fricciones al momento de pagar, la venta simplemente no ocurre».
El efecto para los usuarios argentinos llega de forma indirecta. Fintechs locales que ya operan sobre la infraestructura de Pomelo, como Lemon, pueden apoyarse en esa red para ofrecer tarjetas con alcance internacional.