Un equipo de astrónomos confirmó el primer satélite natural detectado fuera del Sistema Solar. El hallazgo se publicó esta semana en la revista Nature y cierra más de cuatro décadas de búsqueda sin resultados.
Los astrofísicos rastreaban una luna así desde hacía más de 40 años. Habían confirmado miles de planetas, pero nunca un satélite que orbitara alguno de ellos fuera del Sistema Solar.
El objeto orbita en el sistema bautizado CD-35 2722. Es un cuerpo gaseoso, del tamaño de Júpiter, que completa una vuelta alrededor de su enana marrón cada 170 días.
Esa enana marrón oficia de estrella anfitriona del sistema. Su masa equivale a la mitad de la del Sol, según el proyecto YEMS.
«Es el primer satélite natural que encontramos fuera del sistema solar», resumió Alice Zurlo, directora del proyecto que lideró la investigación.
El hallazgo se ubica, por su magnitud, a la altura de la detección de los primeros exoplanetas, hace poco más de tres décadas. Es el primer exosatélite confirmado de la historia.
El contraste explica por qué el resultado se esperaba hace tanto. Desde la década de 1990, los astrónomos identificaron más de 6.000 exoplanetas fuera del Sistema Solar, pero ninguno de esos mundos tenía un satélite confirmado. En nuestro vecindario ocurre lo contrario: los planetas conocidos suman más de 400 lunas naturales.
Un proyecto con sede en Chile
La investigación corresponde al Núcleo Milenio YEMS, sigla en inglés de Young Exoplanets and their Moons: exoplanetas jóvenes y sus lunas. Funciona en la Universidad Diego Portales, en Chile.
Zurlo, astrofísica italiana, encabeza el núcleo. El equipo incluye además al investigador estadounidense Kevin Hoy, coautor del estudio.
La confirmación se apoyó en la técnica de velocidad radial. Para las mediciones, el equipo recurrió al espectrógrafo CRIRES+, instalado en el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral.
Hoy subrayó lo atípico del sistema. Lo describió como «algo difícil de definir usando palabras basadas en nuestro sistema solar».
Los autores sostienen que el caso abre una vía para estudiar cómo se forman los satélites en sistemas planetarios distintos del nuestro. Hasta ahora, ese proceso solo podía seguirse de cerca dentro del Sistema Solar.