El riesgo país de Argentina cerró en 560 puntos básicos, con un salto de 12 puntos en la jornada. El Banco Central compró u$s 80 millones el viernes y acumuló u$s 745 millones en la semana, mostrando un flujo de divisas que contrasta con la aversión de los inversores globales.
En el mercado de cambios, el dólar mayorista cerró a $1.399,50, ganando $7,50 (0,54%) en la jornada. Es el nivel más alto desde el 13 de marzo. El volumen operado fue de u$s 954,5 millones, el máximo del año, reflejando tanto oferta de divisas como demanda por cobertura. El dólar oficial se mantuvo en $1.420, mientras que el CCL operó a $1.495,8 y el MEP en $1.441,4.
El mercado de acciones marca un compás distinto
El Merval ganó apenas 0,3% para cerrar en 2.840.787 puntos. Mientras Wall Street marcaba un nuevo récord—el Nasdaq subió 1,6% a 24.836 puntos impulsado por recuperación en semiconductores—las acciones argentinas medidas en dólares registraron mayoría de bajas. YPF cedió 0,9%, Grupo Galicia bajó 0,7%, aunque Mercado Libre ganó 1,4%. Los bonos soberanos en dólares retrocedieron 0,1%.
La volatilidad en Medio Oriente genera un tono defensivo que pesa sobre activos de economías más frágiles. El petróleo Brent subió a 106,20 dólares (+1,1%), pero eso tampoco impulsó los papeles argentinos. El apetito global por riesgo en mercados desarrollados no se traslada a emergentes.
Los números locales mejoran, pero el precio del riesgo no baja
Argentina acumula señales que hace meses parecían imposibles: superávit fiscal trimestral, acumulación semanal de reservas, un volumen récord de operaciones cambiarias sin explosión de cotizaciones. Incluso los mercados de renta fija provincial funcionan: Chubut colocó u$s 650 millones a 10 años con tasa de 9,45%. Pero nada de esto reduce los 560 puntos básicos de spread que el mercado cobra por riesgo de crédito argentino.
¿Seguir a los fundamentals locales que mejoraban o reconocer que el costo de capital sigue siendo prohibitivo mientras el contexto global se deteriora? Una cartera que apostó a recovery local enfrenta ahora la volatilidad sin capturar ganancias de riesgo. Otra que se mantuvo defensiva se pierde los flujos y la liquidez que alimentan mercados locales.
El volumen de operaciones sugiere movimiento, pero la dirección del precio de riesgo es clara: el mercado sigue apostando a que Argentina tiene techo en su repricing hacia abajo. La próxima ruptura vendrá cuando ese cálculo cambie.