El riesgo país argentino alcanzó 570 puntos básicos mientras el S&P Merval ganó 1,2% y los ADRs lideraron alzas en Wall Street. Los bonos soberanos en dólares cayeron 0,3% en promedio, configurando una jornada donde los inversores castigan la deuda pero premian las acciones.
Cresud e IRSA encabezaron las alzas entre los ADRs argentinos con variaciones de +2,9% y +2,3% respectivamente, mientras Wall Street cedía 0,3% por tensiones en Medio Oriente. El S&P Merval cerró en 2.870.000 puntos, impulsado por el sector energético que se beneficia del crudo Brent a USD 108,50 por barril (+3%). Los Bonares y Globales perdieron valor: una señal de que los inversores separan el rally bursátil de cómo ven la capacidad de pago del país.
Acciones contra bonos
Para los inversores con cartera mixta, la jornada fue un dilema: mientras las acciones argentinas aprovechaban el impulso del petróleo y la fortaleza del mercado local, los tenedores de deuda soberana veían erosionarse sus posiciones. El riesgo país en 570 puntos básicos refleja una prima que el mercado considera elevada, pero que no baja por factores estructurales que persisten.
Cohen Aliados Financieros señaló que desafíos locales impiden una compresión sostenida de spreads por debajo de 500 puntos básicos. Mientras tanto, el equity local se beneficia de factores coyunturales como el precio del crudo y la selectividad sectorial que favorece energéticas sobre bancos.
Dólares y divisas
El MEP cotizó a $1.456,8 y el CCL a $1.516,7, manteniendo brechas contenidas respecto al oficial que cerró en $1.435 para la venta. La estabilidad cambiaria contrasta con la volatilidad crediticia: el mercado diferencia entre la capacidad de pago a corto plazo y los riesgos de mediano plazo.
Petróleo y geopolítica
El conflicto en Medio Oriente funciona como catalizador de la divergencia. Mientras el precio del crudo WTI alcanzó USD 98,70 por barril, las energéticas argentinas ganan pero el mercado global siente presiones inflacionarias que castigan a los bonos.
Portfolio Personal Inversiones advirtió que el Merval queda condicionado a las novedades de Medio Oriente. Cualquier escalada puede sostener la volatilidad global, exponiendo a los inversores locales a shocks que no controlan.
El consumidor se retrae
El índice de confianza del consumidor cayó 5,68% en marzo según la Universidad Torcuato Di Tella. El deterioro del humor social, 10,12% por debajo del nivel de abril del año anterior, abre interrogantes sobre la sostenibilidad política del modelo económico que los mercados monitorean.
Financiamiento del Tesoro
El Tesoro enfrenta esta semana una licitación por ARS 7,9 billones en vencimientos de deuda en pesos. La Secretaría de Finanzas amplió el tope de emisión para los bonos AO27 y AO28 a USD 450 millones cada uno, aprovechando la demanda local que se intensificó tras las restricciones del BCRA al giro de dólares.
Con depósitos por USD 549 millones en su cuenta en el BCRA, el Gobierno podría afrontar un pago de USD 800 millones al FMI sin depender del desembolso de USD 1.000 millones pendiente de aprobación del Directorio. Esta autonomía financiera a corto plazo no elimina la presión sobre los bonos, que reflejan dudas sobre el refinanciamiento a tasas sostenibles en el mediano plazo.
Federico Furiase, secretario de Finanzas, reconoció que el riesgo país está por encima del nivel que deberían justificar los datos macroeconómicos. Atribuyó el spread elevado tanto al shock global como a factores históricos: los nueve defaults argentinos siguen pesando en cómo los bonistas valúan el riesgo del país.
Bancos y energéticas: dos velocidades
La selectividad sectorial marca el compás. Las energéticas exhiben resiliencia por el contexto internacional del petróleo, mientras los bancos sufren correcciones importantes según Rava Bursátil. Esta rotación refleja que los inversores priorizan exposiciones con drivers externos claros sobre aquellas dependientes del ciclo doméstico.
El financiamiento externo de empresas y provincias mostró señales de recuperación en abril, aportando dólares a las reservas del BCRA, pero sin que esta mejora se traslade a los spreads soberanos. La desconexión entre el apetito por riesgo corporativo y soberano es clara: el mercado distingue entre la capacidad de pago del sector privado y las contingencias fiscales del Estado.