Un equipo de la Universidad de Sídney presentó la caracterización de TOI-2155b, un cuerpo celeste situado a unos 1.350 años luz del Sistema Solar que se ubica justo en el límite entre dos categorías astronómicas. Con una masa de alrededor de 80,6 veces la de Júpiter, el objeto queda en el umbral que se usa para distinguir a las estrellas de las enanas marrones. El trabajo se publicó en The Astronomical Journal.
Esa frontera teórica se fija de manera convencional entre 75 y 80 masas jovianas. TOI-2155b la roza por arriba.
«Uno esperaría que hubiera una masa precisa a partir de la cual un objeto se convierte de repente en estrella», planteó Md Redyan Ahmed, candidato a doctorado en Astrofísica de la Universidad de Sídney. «Pero, como suele ocurrir en la vida real, no existe una línea clara.»
Estrellas y enanas marrones nacen de un proceso parecido, el colapso gravitacional de nubes de gas. La diferencia aparece después, en el núcleo. La distinción clásica se apoya en la fusión nuclear del hidrógeno: por encima del umbral, un objeto sostiene esa reacción y brilla de forma estable durante miles de millones de años; por debajo, se enfría de a poco y emite apenas radiación infrarroja tenue.
El tamaño agrega otra rareza. Su radio equivale a unos 0,975 radios jovianos, casi idéntico al de Júpiter, lo que lo vuelve un cuerpo extraordinariamente denso para sus dimensiones.
La detección partió del satélite TESS de la NASA, que rastrea las variaciones de brillo de una estrella cuando un objeto pasa frente a ella. Esas observaciones se complementaron con telescopios terrestres repartidos por el mundo, que permitieron calcular la masa mediante la técnica de velocidades radiales.
TOI-2155b orbita la estrella TOI-2155, una subgigante de tipo F algo más grande, más masiva y más caliente que el Sol.
Los modelos astrofísicos actuales admiten que la masa no alcanza para clasificar a un objeto: también pesan su edad, su composición química y las propiedades de su atmósfera. Para Ahmed, el cuerpo «acumula características que los modelos actuales no logran resolver» y su detección «obliga a revisar décadas de criterios de clasificación».
Los casos disponibles para poner a prueba esas ideas son escasos. «Hay muy pocos objetos conocidos en esta zona de transición, y TOI-2155b nos ayudará a comprender mejor esa frontera», señaló el investigador. La difusión del hallazgo en inglés, en The Conversation, fue escrita por él mismo.