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BBVA +14,3% y el salto a B-: qué espera el flujo pasivo

El salto de calificación ya tiene traducción en la pizarra. S&P Global Ratings elevó la nota de la deuda argentina de CCC+ a B-, el riesgo país perforó los 415 puntos básicos y en Wall Street los ADRs cerraron en verde, con subas de hasta 14% lideradas por BBVA (+14,3%).

El movimiento grande, para la mesa, todavía no llegó. El upgrade abre una puerta que estaba cerrada por reglamento: buena parte de los fondos institucionales tiene prohibido por mandato sostener papeles calificados por debajo de B, y recién ahora puede mirar activos argentinos sin violar su propio estatuto. Con dos agencias que ya ubican al país en la categoría B, ese flujo pasivo deja de ser una hipótesis de escritorio.

Un analista lo sintetizó tras conocerse la decisión: con dos agencias calificadoras dentro de la categoría B, se espera compra pasiva sustancial de fondos. Ahí está el fundamento de por qué la City mira los ADRs más grandes y sensibles al rating antes de que la demanda automática entre a jugar.

El día del anuncio ya dejó la muestra

La reacción inmediata fue de manual. Las acciones argentinas en Wall Street treparon hasta 14% en la rueda del upgrade, con el ADR de BBVA (+14,3%) a la cabeza, mientras Globant volaba 17,2% en dólares y Mercado Libre sumaba 9,1%. En renta fija, los Globales de legislación extranjera escalaron 4,1% y los Bonares de ley local 3,4%. El S&P Merval cerró esa jornada en 3.333.406,84 puntos (+1,3%), empujado por los bancos.

El mercado discrimina: bancos arriba, energía en rojo

La lectura sectorial es nítida. Los papeles más atados al rating —los bancos— encabezaron: además de SUPV y GGAL en Nueva York, en el panel local BMA cerró a $14.510 (+3,80%) y BBAR a $10.400 (+1,56%). Del otro lado, la energía quedó descolgada. El ADR de YPF cedió 1,33% a u$s44,36 y el de TGS recortó 1,36% a u$s28,27, arrastrados por un Brent en baja ante la eventual reapertura del estrecho de Ormuz.

Ahí aparece un matiz que conviene no confundir: la acción local se movió distinto de su ADR. Mientras el papel de YPF caía en Wall Street, la YPFD del panel porteño rebotó a $71.575 (+2,14%), arrastrada por la rueda en pesos. Son dos precios y dos historias; el flujo institucional que promete el B- se juega en el plano de los ADRs, en dólares, no en la cotización local.

Qué mira el flujo y qué falta para que entre en serio

El próximo gatillo tiene nombre: Moody's. Un movimiento de la tercera agencia comprimiría todavía más el spread y ampliaría el universo de fondos habilitados a tomar riesgo argentino. El detalle técnico pesa: buena parte de los mandatos institucionales replica índices de renta fija que exigen un piso de calificación. Con el pasaje a B-, los activos argentinos entran al universo elegible de esos vehículos y la demanda pasa a ser semiautomática, no una apuesta discrecional. Antes, manda el calendario. El 9 de julio vencen compromisos por USD 4.391 millones, un pago que el mercado quiere ver cursado sin fricción, con reservas brutas del BCRA en u$s47.067 millones. Cada peaje que se pasa limpio le agrega puntos a la tesis del upgrade.

El telón de fondo cambiario acompaña. El CCL cerró a $1.568,80 y el MEP a $1.526, con brechas de 3,89% y 1,06% contra el oficial de $1.510, lejos de los saltos que supieron descolocar cualquier apuesta en pesos. Con el riesgo país planchado en 415, quedan dos pruebas concretas por delante: la definición de Moody's y el pago del 9 de julio.